Bartleby el escribiente, Herman Melville | Reseña

Preferiría no hacerlo, de Herman Melville, editado por Pre-textos junto con tres ensayos muy interesantesCuando uno se asoma por primera vez a Kafka, la lectura siempre inocula en el cerebro del lector una suerte de intuición que deviene en sospecha y finalmente confirmación: aquí se está hablando de mucho más de lo que parece. Es más lo que se calla que lo que se cuenta. Hace falta ser muy lector de Belén Esteban en tapa dura para cerrar La metamorfosis convencido de que aquello sólo va sobre un tipo que un buen día despierta insecto. Con Herman Melville pasa algo parecido.

Nouvelle, cuento, relato corto…la clave es la brevedad. Melville debió acabar tan quemado después de Moby Dick (o tan descontento por la incomprensión generalizada del público hacia una novela que sólo brilló tras la muerte de su autor) que decidió marcarse una historieta de poco más de 50 páginas. Y, paradójicamente, Bartleby el escribiente ha sido su obra más citada en los anaqueles de la posteridad junto con su apasionante aventura de proporciones ballenáceas.

Camiseta con el lema Preferiría no hacerlo, de Herman Melville, editado por Pre-textos junto con tres ensayos muy interesantesPara los que gusten de recibir la merienda masticada o simplemente para los aficionados al noble arte del ensayo de larga ingesta, Pre-textos lanzó hace 14 años un pack relato + tres ensayos, tan hermosamente editado que te da cosica manipularlo, vaya a ser que se manche. Lejos de parecer una excusa para rellenar, los textos del trío filosófico Gilles Deleuze, Giorgio Agamben y José Luis Pardo completan muy bien el relato, ampliando la dimensión aparentemente banal de lo que se ha leído, y acercándonos bastante a ese imposible soñado que es la comprensión completa de las intenciones/ideas de un novelista.

Empezando por el primero. Todo un análisis en profundidad de la expresión “Preferiría no hacerlo”, donde el filósofo francés realiza un descuartizamiento sintáctico y semántico tan bestia que prácticamente imposibilita un acercamiento más exhaustivo a esa célebre locución con la que se han estampado tantas camisetas y que da título a la edición del libro que nos ocupa: “ …la fórmula, I would prefer not to, no es una afirmación ni una negación. Bartleby no rechaza, pero tampoco acepta, avanza y se retira en su mismo avance, se expone apenas en una ligera retirada de la palabra. Sería un alivio para el abogado si Bartleby no quisiera hacer algo, pero Bartleby no se niega, solamente niega algo no preferido (…) Lo desolador de la fórmula consiste en que elimina tan despiadadamente lo preferible como cualquier no preferencia particular. Anula el término al que afecta y rechaza, pero también el otro, aquel que aparentemente conserva, y que se torna imposible”.

Tenía que haberlo dicho antes: este relato versa sobre un simpático joven que es contratado porI would prefer not to “uno de esos abogados sin ambiciones que jamás se dirige a un jurado ni hace por atraer el aplauso del público” (dice Melville) para trabajar en su despacho copiando documentos. El drama explota el día que Bartleby es requerido para una tarea distinta a la de copiar (su jefe le pide corregir copias); una tarea que, en palabras de Deleuze, “viola el pacto” entre empelado y empleador: “Por ello, Bartleby, al mismo tiempo que prefiere no corregir las copias, tampoco puede seguir copiando.”

Sí, es todo muy loco, muy Vila-Matas, autor de Bartleby y compañía, una novela homenaje dedicada a los Juan Rulfo & Co que no escriben nada. Un libro que quizás algún día se pase por este blog (si soy capaz de localizar alguna edición en Compactos Anagrama).

—¿Que no se puede descuartizar aún más la locución? Joder que no —parece decir Giorgio Agamben, el filósofo italiano que comienza su exposición con una cita en latín de media página, para luego codearse con etimologías, grafías y grafemas de Bizancio y Grecia clásica, después analizar la evolución histórica de la figura del escriba , enfangarlo todo de metafísica y terminar asegurando que “Bartleby cuestiona precisamente esta supremacía de la voluntad sobre la potencia. Si Dios (cuando menos de potentia ordinata) puede verdaderamente sólo aquello que quiere, Bartleby puede únicamente sin querer, puede únicamente de potentia absoluta. Pero no por ello su potencia es inefectiva, no queda desactivada por falta de voluntad: al contrario, excede con mucho la voluntad (tanto la propia como la de los demás.” (esto último alude al hecho de que sus compañeros de trabajo comienzan a utilizar el verbo preferir, producto del contagio de Bartleby).

La crítica más precisa y racional que puedo hacerle a este segundo ensayo, el más áspero de los tres, es un largo y sostenido buf.

Bolso con el lema I would prefer not toJosé Luis Pardo analiza la trayectoria literaria anterior y posterior de Melville, y establece paralelismos entre la piscología de Bartleby con  la de otros personajes de sus libros. Explica los motivos que empujaron al escritor a presentar esta historia en formato cuento, y ejecuta un triple mortal al equiparar al abogado con el novelista estadounidense: “El abogado elige la no-literatura frente a la literatura como Melville escoge el relato breve frente a la novela: no por incapacidad profesional, sino por respeto a su objeto)”. Para entender esta sentencia hay que mencionar que, al comienzo del relato, el abogado (narrador en primera persona) asegura haber conocido “a muchos escribientes cuyas historias harían sonreír a los bienhumorados y llorar a las almas sentimentales” y, con todo, “no cambiaría las biografías de todos los demás escribientes por unos cuantos pasajes de la vida de Bartleby (…) del cual no hay material alguno para redactar una biografía completa (…) una pérdida irremediable para la literatura.”

Un personaje raro para un libro…raro.

Preferiría no hacerlo_Bartleby el escribiente de Herman Melville seguido de tres ensayos sobre Bartleby de Gilles Deleuze Giorgio Agamben y José Luis Pardo_Editorial Pre_Textos

Herman Melville, Bartleby el escribiente
Traducción de José Manuel Benitez Ariza
Pre-textos, Valencia 2000
192 páginas | 15 Euros