Crimen y castigo, un resumen | Por Pablo Incausa

Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski

El otro día pillé a mi hermana. Enterarme así. Con 17 años, y leyendo Crimen y castigo:

–¿Y tú qué haces con eso?

–Nada, que me lo han mandado en clase de Lengua.

Crimen y castigo. Vaya, pensé, justo uno de los primeros libros que yo recomendaría a un chaval para que pierda para siempre el gusto por la lectura. O para que nunca lo conozca: La montaña mágica, El ruido y la furia, Crimen y castigo.

–¿Y qué tal está?

–(…)

Muchos años después de sufrirlas en mis carnes, la Junta de Andalucía seguía dominando con saña las oscuras artes de hacer que su alumnado vea la literatura como un paseo… dentro de una cámara de tortura y con una roca encadenada al cuello. Latigazos. Que sí, que Truman Capote adolescente era un máquina escribiendo. Pero, ¿leer Crimen y castigo a los 17? Dame un respiro.

Crimen y castigo. Es lo que se estaba leyendo el guapito de Match Point antes del escopetazo a la vieja y a la Johansson. Cogiendo ideas. Quién sabe si, treinta años antes, Woody Allen ya estaba rindiéndole un sutil y burlesco homenaje a la novela (y más concretamente al ensayo de Raskólnikov) al establecer sus dos categorías de ser humano en aquella mítica charla de librería de Annie Hall en la que Alvy Singer le cuenta a la Keaton que la vida y el ser humano se divide entre “lo horrible y lo miserable”. Annie Hall la habré visto veinte veces; Crimen y castigo, una: creo que es el único montón de páginas de mi biblioteca que, además de tener escrita en la primera página la fecha de inicio de lectura, tiene también firmado el día en que conseguí acabarlo. Bendito libro.

Debió de quedarse a gusto el tío. Dostoievski, ese al que casi fusilan. Su crimen, nuestro castigo.

–Crimen y castigo es el mayor spoiler de la historia de la literatura –me dijo una vez mi amigo Pablo Incausa–. Crimen…castigo, ¿entiendes?

Me gustó tanto el resumen que le pedí que escribiera algo para el blog. Al final la reseña también le salió resumen, y yo me acordé de mi hermana y de todos esos pobres diablos que a diario llegan a estas lejanas tierras pollitolibreras mediante la fórmula ‘Resumen + ‘Título de novela’ Google mediante.

Yo lo fui, mi hermana (creo que), no: va por vosotros, pobres diablos:

Crimen y castigo, un resumen

El joven estudiante Rodion Raskólnikov ha tenido que abandonar sus estudios por culpa de la miseria económica en la que vive. Sin embargo, es en parte responsable de ella, puesto que, debido a su forma de ver el mundo, ha rechazado ofertas de empleo en varias ocasiones. Pasa los días encerrado en su reducido tabuco, casi sin comer, reflexionando y volcándose en sí mismo casi hasta la paranoia.

Para conseguir algo de dinero, acude a una vieja usurera en la que empeña objetos de valor a cambio de algunos rublos. La anciana prestamista, aprovechándose de la situación desesperada de sus clientes, impone condiciones muy favorables para ella, entre los que se incluye el pago por adelantado de los intereses.

Mientras vaga por la ciudad, Raskólnikov reflexiona sobre su soledad, su aislamiento de la sociedad y sobre dos teorías que rondan su mente desde que, un tiempo atrás, escribió un artículo al respecto. Según sus ideas, en el mundo hay dos tipos de personas, las comunes y las excepcionales, siendo las segundas las que hacen avanzar al conjunto de la Humanidad. Para alcanzar sus fines supremos, a los individuos geniales se les permite saltarse las leyes que rigen la vida del resto de los mortales. Así, Napoleón puede bombardear Tolón y no sentir remordimiento por ello, puesto que no era más que una barrera a sus verdaderos y elevados fines.

Una conversación casual en una taberna, en la que se comenta que la muerte de la usurera sería algo beneficioso, hace que Raskólnikov se decida a dar ese paso. El asesinato encaja con sus teorías, al ser para él la vieja un piojo inútil para la sociedad. Al mismo tiempo, el estudiante quiere convencerse a sí mismo de que él es una de esas personas geniales que pueden pasar por encima de los demás. Quiere saber que puede hacerlo y que cometer el asesinato de una persona a la que desprecia no supondrá carga alguna para él. Al hacer un bien social, se muestra a sí mismo su superioridad sobre el resto de individuos que le rodean.

Así pues, armado con un hacha, acude al domicilio de la anciana, donde comete un doble asesinato. Pero las cosas no salen como él había esperado. La torpeza con la que comete su crimen, el terror que experimenta al estar cerca de ser pillado in fraganti y las dudas sobre su acción, le sumergen en un complejo estado psicológico, que le lleva a comportarse de forma errática y, en ocasiones, contradictoria. Descubre que no era ese Napoleón que creía ser. No era tan fuerte como había supuesto, lo que evidencia que es uno de esos individuos vulgares que tanto desprecio le producen.

Agobiado por su fracaso, luchando consigo mismo, presionado por familiares y amigos y hostigado por un brillante e inteligente juez, la situación del estudiante se torna desesperada. Recorre San Petersburgo sin rumbo fijo al tiempo que se debate entre su orgullo y su sentimiento de derrota.

Fiódor Dostoievski completa aquí una obra suprema, en la que profundiza en la psicología de un personaje atormentado, al tiempo que retrata con realismo la vida de la urbe rusa. Entrelaza con el hilo principal otras tramas en las que muestra el carácter de Raskólnikov, sus cambios y sus propias contradicciones, al tiempo que introduce elementos bíblicos y habituales en la moral cristiana como el sacrificio y sufrimiento por los demás o la aceptación de la culpa y la pena redentora.

Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski

Fiódor Dostoievski, Crimen y castigo 
Debolsillo, Barcelona 2009 (publicado originalmente en 1866)
686 páginas | 10 Euros