Jorge Herralde: “Quiero dejar Anagrama en perfecto estado de revista” | Entrevista de Anna Mascaró

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Jorge Herralde en las Conversaciones Literarias de Formentor 2015 (Fotografía de Anna Mascaró)

La compañera periodista Anna Mascaró (@amnadal), a la que ya hemos leído en la reseña de La Tregua, de Mario Benedetti, pasó el fin de semana en las Conversaciones Literarias de Formentor, Mallorca, y se encontró con un tal Jorge Herralde.

Entrevista a Jorge Herralde, fundador, director y editor de Anagrama. Por Anna Mascaró.

 

“Quiero dejar Anagrama en perfecto estado de revista”

 

Encontrar una persona que no se haya leído nunca un Anagrama es hoy impensable. Los lectores de nuestro país no serían como son sin la editorial que en 1969 Jorge Herralde fundó en un pequeño apartamento de Sarrià. Editor del Premio Formentor, Ricardo Piglia, “el mejor de todos los premiados hasta ahora”, ha pasado el fin de semana en el cabo más septentrional de Mallorca hablando de literatura, desde su estatus de lector profesional.

¿Qué piensa hacer a partir de 2017, cuando Silvia Sesé le substituya al frente de Anagrama?

Depende de lo que me apetezca. No me lo planteo: mis planes ahora mismo son más a corto plazo. Lo que intento y se está consiguiendo es dejar la editorial, como dicen en jerga militar, en perfecto estado de revista.

¿Escribir, tal vez?

Me parece que no, pero se me puede ocurrir. He publicado cinco o seis libros de recopilaciones de artículos sobre la editorial, sobre perfiles de escritores… Tengo sin publicar, de los últimos años, como un centenar, y quizás me decida a retomar alguno.

¿Un libro de memorias de Jorge Herralde revolucionaría el panorama literario?

No creo que sea para tanto (ríe).

¿Cómo recibió la noticia de la muerte de Carmen Balcells?

El día que se supo me llamaron y fue una sorpresa. A Carmen Balcells la conocí a finales de los 60, y durante unos años fuimos muy amigos. Después la relación tuvo muchos altibajos, pero al final acabamos teniendo una buena relación.

¿Habían tenido contacto últimamente?

Las dos últimas veces que la vi fueron: una, con la escritora cubana Wendy Guerra, medio ahijada de Gabo. Carmen organizó una de esas comidas que le gustaban tanto, fue fantástica, muy bien servida. Y después, con Mario Vargas Llosa, Patricia y su hijo Gonzalo. Aquel día estuvo muy simpática y agradable. Vargas Llosa acababa de publicar La literatura es mi venganza, sobre unas conversaciones literarias con Claudio Magris.

¿Cuándo decide que un autor novel se merece que Anagrama le represente?

Cuando advierto una voz nueva, diferente. La calidad es muy clara. A veces hay un primer libro más imperfecto, como en el caso de Guadalupe Nette, de quien publicamos una novela que estaba muy bien (El huésped, 2006), pero un poco desigual en según qué pasajes. Aun así se veía que allí había una escritora. Unos años más tarde ganó nuestro premio (en 2014, con Después del invierno). Aunque uno no tiene una varita mágica y no siempre acierta.

¿Alguna vez se ha arrepentido de haber rechazado a algún escritor?

Nunca. Sí que ha habido autores bestsellers que hemos rechazado y después han vendido mucho, pero no eran para Anagrama.

¿Cómo se siente cuando, después de haber elegido un escritor y acompañarle durante su trayectoria, se va a otra editorial, como ha pasado con Javier Marías, Enrique Vila-Matas o recientemente Paul Auster?

Con Paul Auster, no es que se fuera, es que su agente vendió por un pastizal a Planeta los derechos de los libros de bolsillo. Hemos perdido poquísimos autores. Son avatares del oficio. Yo diría que lo que es milagroso es que haya directivos que tiren de chequera, porque no es su dinero, ofrezcan cantidades imposibles, y aun así solo hayamos perdido algunos escritores.

¿Es cierto el mito de que los escritores son las criaturas más egocéntricas de la capa de la Tierra?

(Riéndose) No estoy seguro, porque dicen que los cantantes de ópera son todavía peores. ¡Pero están en la misma liga!

 ¿Cuál es el escritor más insoportable con quien ha tenido que trabajar?

Unos cuantos. Por fortuna, no muchos, y hay algunos con los que es una joya trabajar. Por ejemplo, Rafael Chirbes, que desde que empezó ha publicado toda su obra en Anagrama y es un escritor que, comercialmente, empezó piano piano pero con sus últimas obras, Crematorio y En la orilla, ganó reconocimiento en España. Como curiosidad, me llamó hace cuatro o cinco días Juan Goytisolo y me dijo que acaba de leer Crematorio, y me dijo: “Es la mejor novela del siglo XXI, lástima que Chirbes haya muerto, porque me hubiera encantado comentarla”. Y dicho y hecho, hace poco vi un comentario de Goytisolo en El País sobre la obra.

Usted ha conducido pequeños escritores a la fama internacional.

Esa es una de las características de Anagrama, que hemos tenido mucha gente, como el mismo Marías, Vila-Matas o Roberto Bolaño, que empezaron en Anagrama, todos vendiendo muy poco. Pero les editas y sigues. Ahora hay una nueva generación francesa, en el sentido que se ha impuesto con fuerza en los últimos años, porque es gente de 50-60 años, que está en la primera fila de la literatura internacional. Pues a Patrick Modiano, que es buenísimo pero vendía muy poco, le dimos un pedigrí. Que lo editáramos significó un redescubrimiento de Modiano, hasta que inesperadamente ganó el Premio Nobel. Digo inesperadamente porque seis años antes lo había ganado un francés de la misma generación, Jean-Marie Gustave Le Clézio. Pues se dijo que es el Marcel Proust de nuestro tiempo. Ha sido uno de los premios literarios más merecidos, porque la tendencia de los premios Nobel siempre ha sido un poco errática, por decirlo suavemente. A veces parece que su deporte favorito sea sorprender al público, sobre todo con los últimos que han dado.

¿Cómo es la rutina de un lector profesional?

De lunes a viernes llevo una vida en la editorial bastante frenética: espectáculos, presentaciones, ruedas de prensa, informes, todo lo que me mandan las agencias literarias, preparar la edición, elegir las ilustraciones, paratextos, reuniones… Después, como por un sistema de sístole-diástole, los sábados y domingos, si puedo, los dedico exclusivamente a leer.

¿Con un bloc de notas a mano?

Con el post-it, el mayor invento de la humanidad.

Leí en un artículo de Pollito Libros que interviene incluso en el diseño de las portadas.

¡Ah! Aquello (ríe). El famoso artículo: ¿A qué obedecen los colores de los Compactos de Anarama?. Todas las colecciones tienen un color uniforme que varía según la ilustración.

Excepto en la colección en catalán, que es al revés.

Sí. La portada es un fragmento ampliado de la ilustración y el título está dentro de un recuadro uniforme. Aprovecho para invitar a los escritores que crean tener una cierta sintonía con la editorial, y la suficiente confianza en sí mismos, a participar en el premio Llibres Anagrama, que es en catalán. El plazo termina el 30 de octubre.

¿Cómo ve el proceso independentista de Cataluña?

Yo no soy independentista, ni españolista. Mis pulsiones patrióticas son nímias: de la misma manera que soy agnóstico con la religión, también lo soy con las patrias. Digo esto, pero comprendo el sentimiento independentista por una serie de agravios como el momento en que tumbaron el Estatut. Se ha ido creando un caldo de cultivo, también muy reforzado por medios de comunicación como TV3 y compañía, y por parte de Madrid ha habido una actuación tan alejada y errática que parece que esperaban a que bajara el soufflé. Cuando ven que no baja, entonces amenazan: mandaremos al ejército, meteremos en la cárcel a Mas… Una cosa impresentable. Yo espero que los próximos jefes de gobierno, que confío en que no sean los incompetentes Mariano Rajoy y Artur Mas, sean dos políticos de verdad y que hagan política: que dialoguen.

¿Es federalista?

Sí. El federalismo nunca ha funcionado en España, aunque ha habido algunos precedentes curiosos pero efímeros. Pero apostaría por una forma federalista que subrayase la importancia histórica de determinadas comunidades y que permitiera llegar a un consenso, cosa que no seria fácil sobre todo en un momento de profunda crispación como el actual.

Si llega la independencia, se plantea irse de Cataluña?

En principio no. Nunca lo había pensado. Pero también es cierto que he leído de algunos editores que si Cataluña es independiente, y el idioma nacional es el catalán, quizás será un poco difícil explicar a los agentes literarios internacionales que una editorial en castellano pueda tener los derechos en castellano en Cataluña. Pero como son hipótesis de un futuro que considero muy improbable, no me preocupa en absoluto.

Por último, ¿me recomendaría un libro?

Martin Amis, La zona de interés, que ocurre en un campo de concentración en la Alemania de Hitler. Han ido sacando en toda la prensa, como papagayos, que es una obra muy polémica. Tengo que decir que, respecto a calidad literaria, de polémica nada.

Puedes leer una versión en catalán de este encuentro, publicado el domingo en el Diari Araen el siguiente enlace.