Los diez libros de Babelia 2015 (y un chat)

Los mejores libros de Babelia 2015

“¿Has visto la lista de libros?”

La voz de mi amigo (cuya identidad permanecerá oculta por motivos obvios que serán presentados dentro de un par de líneas) era más quejido que voz; su clásico rasguño de cazallero con el que tanto gusta de abrazar buenas y malas noticias, saludos y despedidas, preguntas y afirmaciones. O al menos así lo imaginé, ya que no fue su voz, sino el simple doble tilín del Whatsapp Web, el encargado de darme sus también tradicionales buenos días de las cinco de la tarde.

“Va a leerlos Rita. Qué malos son todos.”

No era pregunta ni afirmación: era su manera de decirme que qué tal todo, ahora que ya no estoy en Madrid (Pollito Libros acaba de mudarse a Barcelona), ahora que mi alergia al teléfono lo ha relegado todo al doble tilín. Mi amigo no tiene ni que especificar que se refiere a la lista de los mejores libros de Babelia de este 2015 que se nos muere, ni tiene que preguntarme basuras como ésta: pues claro que la he visto.

Ver la lista, en sentido literal, me costó un rato, pues la segunda cosa que me llamó la atención de ella fue el camuflaje en la portada, tan lejano de las llamadas y los frisos de hace no demasiado tiempo:

Los mejores libros Babelia 2015

Y si digo la segunda cosa es porque la primera que me llamó la atención fue la lista en sí, descubierta horas antes en Twitter, leída horas antes junto al café y los bollos, antes de ir al kiosko a por ella (tonto que es uno).

La tercera cosa fue la avalancha de Anagramas (la editorial barcelonesa se ha llevado medio ranking, así, a lo tonto) y el descampado de Alfaguaras. Ni uno, oiga. Imposible no pensar en la venta de la editorial de Prisa (editora de Babelia) a Random House. Imposible no acordarse del episodio de Ignacio Echevarría.

Pero dejaremos correr ese río.

A uno se le hace muy cuesta arriba estar de acuerdo o en desacuerdo con estas tablas. El simple hecho de pretender confeccionar algo tan ambicioso como Los mejores X del año presupone la mínima exigencia de que el autor o autores hayan consumido todos (imposible) o un buen grueso del total de los elementos a categorizar. Si a esto le sumamos la perenne presencia en todos los rankings de Babelia del Nobel de turno, del Javier Marías de turno o de la sensación nacional de turno, llámese Cercas o Chirbes, (por no hablar de los artefactos marketinianos de turno tipo Karl Ove Knausgård), el cuadro se nos queda como para no mirarlo con ceja enarcada, vamos.

Y que nadie se confunda, En la orilla de Chirbes es excepcional (aquí lo hemos dicho bien claro) y merecedor de la corona que se llevó en el top Babelia a mejor libro de 2013 (asumiendo la naturaleza en parte artificiosa ya mencionada de estas listas simplificadoras de una realidad editorial mucho más compleja): otra historia es si de verdad en 2013 no se publicó un libro mejor (algo que, insisto, no lo sé).

Por cierto: ¿mejor y/o peor para quién? ¿Según quién? ¿Según qué?

Dicho esto, un servidor se ha leído demasiados pocos libros de los diez libros de Babelia 2015 (que no son diez, sino 20 (pero solo los diez primeros se llevan de regalo el bonito dibujo del ilustrador Fernando Vicente) como para decir nada digno de decir. Lo que la resaca de mi amigo resume como una “mierda total” para mí merece un par de anotaciones.

Me alegro mucho por Ricardo Piglia, un autor que por desgracia atraviesa una enfermedad que le dificulta escribir, al que solo conocía por ser el hombre que mejor ha explicado a Borges (aquí tenéis una serie de charlas magistrales que se emitieron en la televisión argentina) y del que estoy a punto de terminar Blanco nocturno, un libro que estoy disfrutando como hacía tiempo que no lo hacía con una novela.

Me alegro por Marta Sanz, a la que tuvimos el gusto de conocer hace unas semanas para la primera entrevista en vídeo del blog. Una persona encantadora.

Me pregunto cuánto de la salvajada Bataclan hay en el éxito de Sumisión (tanto en esta lista como en el ámbito literario en general).

Me entristece que esto a veces siga pareciendo la vieja taberna de siempre con los parroquianos de siempre, casi sin sitio para sentar a algún Libros del KO, Capitán Swing, Gallo Nero, por mencionar algunas de algunas florecientes e ilusionantes editoriales que tanto están haciendo por añadir color y variedad al panorama nacional.

Y ya.